miércoles, 23 de noviembre de 2011

Verdad y trascendencia.


La subjetiva verdad.

Dude poco para elegir el titulo. Si bien no me había convencido del todo, pude entrever que la subjetiva verdad me sometía a nada en un todo definido. No estando sometido entonces soy libre de decir lo que pienso más que lo que quiero, por eso la subjetiva verdad no está dirigido a encontrar nada, ni la verdad ni la mentira, sino solo a viajar a través de lo que puede ser, de lo que será y de lo que fue, porque la verdad, como está escrito arriba, es de quien la inventa. En esta primera entrada trato de abordar algunas cosas sobre verdad y trascendencia, la revisión del texto fue rápida pues aun carezco del tiempo necesario para revisar a detalle cada entrada, cosa que espero remediar pronto.

Verdad y trascendencia. 

Si bien es cierto que la verdad abunda esta es la verdad conveniente, es decir adecuada a las necesidades, la verdad absoluta no le incumbe al hombre, pues el hombre en tanto que es hombre, ni puede alcanzarla, es mas, no puede ni siquiera dilucidar que es la verdad. Así pues los ateos tienen su dios, no en el sentido estricto, pero tienen a su realidad para adorar, y tienen a su “verdad conveniente” para asirse de ella, en tanto que ellos mismos conocen que los medios que tienen son escasos, mas aun podrían estar equivocados, pero pensar en esto mismo, en otra verdad que no sea la suya, en otro “dios” que no les complace, les causa molestia, los incomoda pues viven adorando al adorno que mejor les queda. Si esto es bueno o malo no me corresponde a mi calificarlo, seria tarea del momento, de la época, definirlo, pues bien, mal y moral, son lo mismo que verdad, conveniencias a favor del lo que sirven, de lo que representan. Así pues el hombre encuentra su mayor punto de dolor en la historia, mas perfectamente explicado en los errores, que de esta, repite. No es una manera de pensar adecuada pero es como debe ser, tal como es la cultura, pues estoy sujeto a decir lo que en los márgenes de mi sociedad crece, nunca a ir más lejos, pues ir más lejos queda fuera de mi concepción como humano, o más bien, como ente sometido a una cultura. 

El error más grave, es que si no puedo ir más lejos, ¿sería posible entonces traer del pasado un producto? La respuesta es la misma a la de ir mas allá de mis fronteras, es imposible, es allí el gran problema de la filosofía, resuelve los problemas del pasado, o intenta hacerlo, dejando el presente arruinado y un futuro incierto. Aun así, como en el producto, si pudiera ir más lejos este no sería entendido. Ni siquiera las quimeras o monstruos serian posibles, al menos dentro de lo que está afuera se trata, pues todo lo que está afuera tiene reflejo en lo que adentro se encuentra, podría quizás rayar el infinito y traer una piedra, una piedra común y corriente que todos despreciarían por ser normal o demasiado anormal como para saber que procede del infinito mismo. De allí viene el problema del hombre también pues mientras la piedra es piedra, no es más que lo normal, y la trascendencia al infinito se queda en este mundo, es un infinito con concepto desde lo finito, la trascendencia vista desde donde no se puede alcanzar, es como la mosca que no puede salir y se estrella con la ventana. 

Por eso nos aferramos a la pensamiento de los ideales como algo que existe de facto, y que su hermosura no está determinada en lo que es sino a los efectos o afectos que uno tiene para con algo, de esta manera se forma la trascendencia de lo finito, de esta manera se alcanza lo eterno. Por eso el gusto por los fetiches, por el portar algo que creemos mas allá de lo finito con nosotros. Estas voluntades si bien son débiles pueden alcanzar ciertos grados de conciencia, es decir, su debilidad subyace en la fortaleza y la voluntad de sus sueños para alcanzar la grandeza a través de ese mismo fetiche al que se le ha otorgado la eternidad del ideal, que, en tanto que es grandeza lo que desean, también es finito lo que obtienen (por que la definición de grandeza siempre es desde la carencia de esta). Así pues y continuando con los ateos, que se proclaman sin adorar a nadie, ellos mismos tienen su dios y este es su propia verdad, que los conceptos no confundan pues para eso se diversificaron, para ocultar a los débiles en las grietas que intentan levemente describir los conceptos, pudiendo apenas y envolverlos, es más, enmascararlos confiriéndoles una pertenencia que todavía muchos, sino es que todos, se niegan a confesar.

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