miércoles, 16 de noviembre de 2011

Inauguración.

Si hay algo que debería existir, es decir, algo que siempre debería acompañar al hombre como humanidad, es, sin duda alguna, la filosofía. He oído en algunas ocasiones que ésta, la filosofía, está muriendo, que la han enterrado y reniegan de ella, que las demás ciencias la han remplazado y que no nos sirve para nada, en países como México, por ejemplo, se encuentra agonizando. Considero esto muy adecuado, pues cuanto más hondo se está en el abismo, más brillante resulta el único rayo de luz que nos llega. Sepan todos que la filosofía no ha muerto, pues, como rezan aquellas frases de química y física, la materia y/o energía no se crean ni se destruyen, solo se transforman, de donde habrá nacido este enunciado sino es de la filosofía misma. Y es que, si hemos hecho algo mal, es hablar por la filosofía, volverla algo inalcanzable, una institución, algo que solo unos pocos son capaces de desarrollar cuando lo cierto, lo más adecuado, es, que todos somos capaces de alcanzarla, porque de ella venimos y a ella vamos, pues nosotros la hicimos para saber cómo hacernos. Y es que la misma filosofía se transforma, pues acompaña al humano, porque la misma filosofía es el humano, porque la filosofía es pregunta, por que el humano es pregunta, y por último, porque la filosofía en su cualidad de pregunta, es pregunta sobre el humano, una pregunta que se pregunta.

Por eso, si algo he de hacer en  lo que plasme aquí, que vaya dirigido a ayudar, a responder, sea de lejos o cerca, algo. Pues en tanto que la filosofía es pregunta, la respuesta, no es lo que busca. La necesidad será siempre la pregunta, la respuesta servirá a la necesidad, no para satisfacerla, sino para sosegarla. Así, creo, inicio con este espacio expectante a lo que venga de ustedes los que lean lo que escribo. Juzguen pues bien o mal lo que escribo y así tal vez encontremos fin al sufrimiento de la pregunta, del humano mismo lo cual, quizás sea imposible.

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