martes, 29 de noviembre de 2011

La capital.


Dicen que hablamos extraño, que decimos medias verdades con palabras rebuscadas enmarcadas en un sistema predefinido en el que pocos pueden entrar. Yo les digo que hablamos como nadie habla porque lo que decimos no es tan importante como para dominar la realidad. Son, en todos los aspectos filosofía, todos ellos, que se preguntan sobre la conciencia, porque tener conciencia es preguntarse desde  el primer momento, pues tener necesidad implica ser consciente de ella en primer momento y después buscar la respuesta que la remedie. Así va a parar mi devoción hacia lo vacía, pues, mientras la literatura son apenas las pinturas prehistóricas en una cueva, de lo que estas habla y hacia donde el significado de estas va es en todo momento filosofía.

Aun así les admito la derrota del acopio de palabras y yerros continuos. Pero es lo más normal, pues, entre mas se alejó el hombre del primer instinto de satisfacer una necesidad real, comenzó a preocuparse sobre la necesidad que representaba el mismo, es decir conocerse en su totalidad y ponerse en una realidad, no solo y sin uso, sino con una certidumbre de lo que él era y además, que debía hacer en el mundo. Teniendo esto en cuenta lo único que se podía hacer fue, en todo momento, diversificar el lenguaje y hacerlo lo más exacto posible para evitar cualquier tipo de error y acercarnos aquellos conceptos a la realidad más próxima. Se trataría entonces de realizar la pintura más exacta diversificando esos colores, haciéndolos más visibles y cercanos a la realidad, complicados, con trazos delineados, experimentado con la superficie bidimensional de la piedra, buscando siempre tener la realidad enfrente, así, aquella pintura cobraría vida y se convertiría en la respuesta definitiva a la necesidad, no sería nada mas una pintura o una explicación, sería el humano explicado en el papel de una vez por todas.

Pero en todo sentido, si he de propasar mis facultades, si es que poseo algunas, he de decir que todos mis predecesores han fallado en su falta de visión hacia un pasado tan lejano y distante, quizás porque necesitaban resolver sus problemas más cercanos de una manera adecuada y rápida. Todos ellos adoran a un platón, a un Sócrates sin preocuparse por el pasado más antiguo ni por nada que no sea lo más presente. Aun soy, la larva de lo que pueda estar por venir, pero yo, en mi estado actual, poseo la cualidad de criticar lo que han hecho. Y lo que han hecho a mi parecer para dar la explicación a la necesidad, es, como dijo alguna vez Wittgenstein, caminar alrededor de lo inefable sin poderlo nunca tocar. 

Diría que incluso concebir lo inefable lo vuelve cercano y por lo tanto manipulable, así lo hizo este filosofo, que, usando dicho termino se escudo para decir que había algo mas allá de lo que no sé podía hablar y que por lo tanto no sé debería llegar a eso. Pero ese fue su error, todos los humanos hasta ahora nacidos han tratado de llegar, de una u otra manera, hacia ese lugar inefable llamado humano, que, desde que se puso a sí mismo un nombre, humano, se ubico en un mundo manipulable, y al hacerlo se hizo manipulable por todos, así como por sí mismo. Su premura sin embargo le hizo olvidar ponerse una utilidad en este mundo que no fuera otra que ser manipulado y no pudiendo encontrar otra cosa más relevante lo dejo, quizás como dijo Wittgenstein en lo inefable. Lo correcto sería tratar de penetrar aquella capa y preguntarnos desde un principio, desde ese pasado tan antiguo, qué seria del humano si no se llamara a sí mismo, si no fuese manipulable, como lo es el lenguaje.

Finalmente, cansado del discurso reciente, y extraviado en más preguntas que respuestas, dejo este tema, jamás terminado, empezado quizás por un capricho, y sobre todo inútil, pues lo encuentro poco logrado toda vez que solo sirve para pensar en el pasado y no en el futuro. Aun así tengo esta última reflexión: el humano es lo que usa, y lo que usa es lo que la necesidad manda para ser saciada, por lo tanto, el humano es necesidad primero, explicación después, pero nunca es, la nada o el todo, ni siquiera la pregunta principal de su realidad. El humano es aquella creatura concebida para divertir a los demás mientras se divierte a sí mismo.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Verdad y trascendencia.


La subjetiva verdad.

Dude poco para elegir el titulo. Si bien no me había convencido del todo, pude entrever que la subjetiva verdad me sometía a nada en un todo definido. No estando sometido entonces soy libre de decir lo que pienso más que lo que quiero, por eso la subjetiva verdad no está dirigido a encontrar nada, ni la verdad ni la mentira, sino solo a viajar a través de lo que puede ser, de lo que será y de lo que fue, porque la verdad, como está escrito arriba, es de quien la inventa. En esta primera entrada trato de abordar algunas cosas sobre verdad y trascendencia, la revisión del texto fue rápida pues aun carezco del tiempo necesario para revisar a detalle cada entrada, cosa que espero remediar pronto.

Verdad y trascendencia. 

Si bien es cierto que la verdad abunda esta es la verdad conveniente, es decir adecuada a las necesidades, la verdad absoluta no le incumbe al hombre, pues el hombre en tanto que es hombre, ni puede alcanzarla, es mas, no puede ni siquiera dilucidar que es la verdad. Así pues los ateos tienen su dios, no en el sentido estricto, pero tienen a su realidad para adorar, y tienen a su “verdad conveniente” para asirse de ella, en tanto que ellos mismos conocen que los medios que tienen son escasos, mas aun podrían estar equivocados, pero pensar en esto mismo, en otra verdad que no sea la suya, en otro “dios” que no les complace, les causa molestia, los incomoda pues viven adorando al adorno que mejor les queda. Si esto es bueno o malo no me corresponde a mi calificarlo, seria tarea del momento, de la época, definirlo, pues bien, mal y moral, son lo mismo que verdad, conveniencias a favor del lo que sirven, de lo que representan. Así pues el hombre encuentra su mayor punto de dolor en la historia, mas perfectamente explicado en los errores, que de esta, repite. No es una manera de pensar adecuada pero es como debe ser, tal como es la cultura, pues estoy sujeto a decir lo que en los márgenes de mi sociedad crece, nunca a ir más lejos, pues ir más lejos queda fuera de mi concepción como humano, o más bien, como ente sometido a una cultura. 

El error más grave, es que si no puedo ir más lejos, ¿sería posible entonces traer del pasado un producto? La respuesta es la misma a la de ir mas allá de mis fronteras, es imposible, es allí el gran problema de la filosofía, resuelve los problemas del pasado, o intenta hacerlo, dejando el presente arruinado y un futuro incierto. Aun así, como en el producto, si pudiera ir más lejos este no sería entendido. Ni siquiera las quimeras o monstruos serian posibles, al menos dentro de lo que está afuera se trata, pues todo lo que está afuera tiene reflejo en lo que adentro se encuentra, podría quizás rayar el infinito y traer una piedra, una piedra común y corriente que todos despreciarían por ser normal o demasiado anormal como para saber que procede del infinito mismo. De allí viene el problema del hombre también pues mientras la piedra es piedra, no es más que lo normal, y la trascendencia al infinito se queda en este mundo, es un infinito con concepto desde lo finito, la trascendencia vista desde donde no se puede alcanzar, es como la mosca que no puede salir y se estrella con la ventana. 

Por eso nos aferramos a la pensamiento de los ideales como algo que existe de facto, y que su hermosura no está determinada en lo que es sino a los efectos o afectos que uno tiene para con algo, de esta manera se forma la trascendencia de lo finito, de esta manera se alcanza lo eterno. Por eso el gusto por los fetiches, por el portar algo que creemos mas allá de lo finito con nosotros. Estas voluntades si bien son débiles pueden alcanzar ciertos grados de conciencia, es decir, su debilidad subyace en la fortaleza y la voluntad de sus sueños para alcanzar la grandeza a través de ese mismo fetiche al que se le ha otorgado la eternidad del ideal, que, en tanto que es grandeza lo que desean, también es finito lo que obtienen (por que la definición de grandeza siempre es desde la carencia de esta). Así pues y continuando con los ateos, que se proclaman sin adorar a nadie, ellos mismos tienen su dios y este es su propia verdad, que los conceptos no confundan pues para eso se diversificaron, para ocultar a los débiles en las grietas que intentan levemente describir los conceptos, pudiendo apenas y envolverlos, es más, enmascararlos confiriéndoles una pertenencia que todavía muchos, sino es que todos, se niegan a confesar.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Inauguración.

Si hay algo que debería existir, es decir, algo que siempre debería acompañar al hombre como humanidad, es, sin duda alguna, la filosofía. He oído en algunas ocasiones que ésta, la filosofía, está muriendo, que la han enterrado y reniegan de ella, que las demás ciencias la han remplazado y que no nos sirve para nada, en países como México, por ejemplo, se encuentra agonizando. Considero esto muy adecuado, pues cuanto más hondo se está en el abismo, más brillante resulta el único rayo de luz que nos llega. Sepan todos que la filosofía no ha muerto, pues, como rezan aquellas frases de química y física, la materia y/o energía no se crean ni se destruyen, solo se transforman, de donde habrá nacido este enunciado sino es de la filosofía misma. Y es que, si hemos hecho algo mal, es hablar por la filosofía, volverla algo inalcanzable, una institución, algo que solo unos pocos son capaces de desarrollar cuando lo cierto, lo más adecuado, es, que todos somos capaces de alcanzarla, porque de ella venimos y a ella vamos, pues nosotros la hicimos para saber cómo hacernos. Y es que la misma filosofía se transforma, pues acompaña al humano, porque la misma filosofía es el humano, porque la filosofía es pregunta, por que el humano es pregunta, y por último, porque la filosofía en su cualidad de pregunta, es pregunta sobre el humano, una pregunta que se pregunta.

Por eso, si algo he de hacer en  lo que plasme aquí, que vaya dirigido a ayudar, a responder, sea de lejos o cerca, algo. Pues en tanto que la filosofía es pregunta, la respuesta, no es lo que busca. La necesidad será siempre la pregunta, la respuesta servirá a la necesidad, no para satisfacerla, sino para sosegarla. Así, creo, inicio con este espacio expectante a lo que venga de ustedes los que lean lo que escribo. Juzguen pues bien o mal lo que escribo y así tal vez encontremos fin al sufrimiento de la pregunta, del humano mismo lo cual, quizás sea imposible.