Dicen que hablamos extraño, que
decimos medias verdades con palabras rebuscadas enmarcadas en un sistema
predefinido en el que pocos pueden entrar. Yo les digo que hablamos como nadie
habla porque lo que decimos no es tan importante como para dominar la realidad.
Son, en todos los aspectos filosofía, todos ellos, que se preguntan sobre la
conciencia, porque tener conciencia es preguntarse desde el primer momento, pues tener necesidad implica
ser consciente de ella en primer momento y después buscar la respuesta que la
remedie. Así va a parar mi devoción hacia lo vacía, pues, mientras la
literatura son apenas las pinturas prehistóricas en una cueva, de lo que estas
habla y hacia donde el significado de estas va es en todo momento filosofía.
Aun así les admito la derrota del
acopio de palabras y yerros continuos. Pero es lo más normal, pues, entre mas
se alejó el hombre del primer instinto de satisfacer una necesidad real, comenzó
a preocuparse sobre la necesidad que representaba el mismo, es decir conocerse
en su totalidad y ponerse en una realidad, no solo y sin uso, sino con una
certidumbre de lo que él era y además, que debía hacer en el mundo. Teniendo
esto en cuenta lo único que se podía hacer fue, en todo momento, diversificar
el lenguaje y hacerlo lo más exacto posible para evitar cualquier tipo de error
y acercarnos aquellos conceptos a la realidad más próxima. Se trataría entonces
de realizar la pintura más exacta diversificando esos colores, haciéndolos más
visibles y cercanos a la realidad, complicados, con trazos delineados,
experimentado con la superficie bidimensional de la piedra, buscando siempre
tener la realidad enfrente, así, aquella pintura cobraría vida y se convertiría
en la respuesta definitiva a la necesidad, no sería nada mas una pintura o una explicación,
sería el humano explicado en el papel de una vez por todas.
Pero en todo sentido, si he de
propasar mis facultades, si es que poseo algunas, he de decir que todos mis
predecesores han fallado en su falta de visión hacia un pasado tan lejano y
distante, quizás porque necesitaban resolver sus problemas más cercanos de una
manera adecuada y rápida. Todos ellos adoran a un platón, a un Sócrates sin
preocuparse por el pasado más antiguo ni por nada que no sea lo más presente. Aun
soy, la larva de lo que pueda estar por venir, pero yo, en mi estado actual,
poseo la cualidad de criticar lo que han hecho. Y lo que han hecho a mi parecer
para dar la explicación a la necesidad, es, como dijo alguna vez Wittgenstein,
caminar alrededor de lo inefable sin poderlo nunca tocar.
Diría que incluso concebir lo
inefable lo vuelve cercano y por lo tanto manipulable, así lo hizo este
filosofo, que, usando dicho termino se escudo para decir que había algo mas allá
de lo que no sé podía hablar y que por lo tanto no sé debería llegar a eso. Pero
ese fue su error, todos los humanos hasta ahora nacidos han tratado de llegar,
de una u otra manera, hacia ese lugar inefable llamado humano, que, desde que
se puso a sí mismo un nombre, humano, se ubico en un mundo manipulable, y al
hacerlo se hizo manipulable por todos, así como por sí mismo. Su premura sin
embargo le hizo olvidar ponerse una utilidad en este mundo que no fuera otra que
ser manipulado y no pudiendo encontrar otra cosa más relevante lo dejo, quizás como
dijo Wittgenstein en lo inefable. Lo correcto sería tratar de penetrar aquella
capa y preguntarnos desde un principio, desde ese pasado tan antiguo, qué seria
del humano si no se llamara a sí mismo, si no fuese manipulable, como lo es el
lenguaje.
Finalmente, cansado del discurso
reciente, y extraviado en más preguntas que respuestas, dejo este tema, jamás terminado,
empezado quizás por un capricho, y sobre todo inútil, pues lo encuentro poco logrado
toda vez que solo sirve para pensar en el pasado y no en el futuro. Aun así tengo
esta última reflexión: el humano es lo que usa, y lo que usa es lo que la necesidad
manda para ser saciada, por lo tanto, el humano es necesidad primero, explicación
después, pero nunca es, la nada o el todo, ni siquiera la pregunta principal de
su realidad. El humano es aquella creatura concebida para divertir a los demás mientras
se divierte a sí mismo.